Seguramente los menores de 40 años que han jugado a algún juego de ordenador saben de lo que hablo. Cansado de que acabaran con todas las vidas y no pasar de un determinado nivel, utilizabamos el truco del modo: dios... Un truco en el que el personaje era inmortal, la munición ilimitada y tenías todas las armas del juego...
Hoy he hecho algo parecido... He cogido la desbrozadora, la he llenado a tope de mezcla y me he bajado al prado a segar las hierbas altas del fondo. Para no tener que estar apretando el gatillo todo el rato y acabar con agujetas en la mano he apostado por anclarlo como cuando hacemos para arrancarla y... ¡¡¡voilà!!!, la máquina acelerada y yo solamente apoyándome en las manetas unicamente preocupado de pasar la desbrozadora por las hierbas.
Al ser Semana Santa, me ha pasado una cosa; estaba pasando la desbrozadora por la parte donde tienen las niñas la casita de jugar, y apareció un topillo, el cual fué víctima de los hilos de la desbrozadora, o eso creía yo hasta que lo cogí. Se quedó atontado y no reaccionaba. De vez en cuando movía algo la pata y se lo enseñé a mi mujer comentándole que "qué pequeñajo y el daño que hace" al prado, pues a veces más que desbrozar hierba, desbrozo toperas. Al rato ya se movía algo más, así que antes de que volviera al prado, y por ser Semana Santa, le concedí el indulto, al dejarlo libre a la orilla del río, pasado el muro de piedra que delimita el prado.
Seguí desbrozando en modo: dios hasta casi anochecer, en un día soleado y tranquilo, esperando a que mañana se me siga concediendo un buen día en el que se pronostica la vuelta al mal tiempo... Y será momento de volver a aparcar la desbrozadora de nuevo, aunque esta vez espero que sea un letargo más corto.